(A la hermana muerte)
Al final estaremos ella y yo,
sin miedo ni tregua,
vencerá sobre mi espacio y mi tiempo,
Humillará mi confianza,
jugará con mis emociones,
pero quitarme la esperanza de la luz divina, jamás.
Ella llegará mañana y yo partiré,
quizá llegue al amanecer, a media jornada o al anochecer.
Mi equipaje listo está,
pues, mi alma,
prisa tiene por llegar al día sin ocaso,
del que aquí en la tierra, con esperanza se anhela.
Ella volverá una y otra vez,
para unos será la hora maldita,
para otros el comienzo del fin hermoso.
Más yo, dedicaré mis loas al infinito,
y pensando en aquello que fue
tomaré ese viaje sin retorno.
El cuerpo, abrazando la tierra, muy pronto polvo se volverá,
más el alma, con temores del fuego infernal
pasaré juicio, purgatorio y gloria.
Mientras llegue aquel día santo y terrible,
aguardo con esperanza la misericordia
de Aquel que es Padre de pecadores y Dios de todo consuelo.
20/4

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