miércoles, 17 de marzo de 2021

SANTIFICACIÓN DEL MATRIMONIO

 


La constitución dogmática Lumen Gentium recordó que “todos los fieles, cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre” (n. 11).  Esta constitución consagró el capítulo V para hablar de la llamada universal a la santidad, que incluye también la santificación de los esposos:

“en virtud del sacramento del matrimonio, por el que significan y participan el misterio de unidad y amor fecundo en Cristo y en la Iglesia (cf. Ef 5,32), se ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la procreación y educación de la prole” (n. 11).

En consonancia con el Concilio Vaticano II, también Amoris Laetitia y Familiaris Consortio hacen eco de la llamada a la santidad de los esposos, como una respuesta “al mandamiento divino con ánimo sereno, confiando en la gracia divina y en la propia voluntad” (FC n. 34):

“El sacramento del matrimonio no es una convención social, un rito vacío o el mero signo externo de un compromiso. El sacramento es un don para la santificación y salvación de los esposos, porque «su recíproca pertenencia es representación real, mediante el signo sacramental, de la misma relación con Cristo».” (AL n. 72).

“El amor de los esposos es un don, una participación del mismo amor creador y redentor de Dios”[1], cuya fuente y origen de santificación es el sacramento del matrimonio, que presupone la gracia santificadora del bautismo y en virtud del Misterio Pascual de Cristo, el amor conyugal, herido por el pecado (cf. Gn 3, 11-12), es purificado y santificado (cf. FC 56). Esta fuerza de la gracia sacramental es

“la razón de que los esposos sean capaces de superar las dificultades que se les puedan presentar, llegando hasta el heroísmo, si fuera necesario. Es el motivo de que puedan y deban crecer más en su amor: siempre les es posible avanzar más, también en este aspecto, en la identificación con el Señor”[2].

Cristo mediante el sacramento del matrimonio sale al encuentro de los esposos[3] para asistirlos con su gracia y sostenerlos en “el compromiso moral de transformar toda su vida en un continuo sacrificio espiritual” (FC n. 57) agradable al Padre.




[1] Conferencia Episcopal Española, Directorio de Pastoral Familiar (21 de noviembre de 2003). n. 42.

[2] Ibid. 

[3] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et Spes (7 de diciembre de 1965), n. 48.

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